Aún conservo frescas en la memoria las anécdotas que, cuando eramos chiquillos, nos contaba nuestro padre, que reverdecía en el hogar las andanzas de su juventud, cuando a todos los vientos flameaba el tafetán de nuestra bandera. De él aprendí el tecnicismo naval y el empleo de términos adecuados. En los buques de su mando aprendí a pisar las cubiertas y aguantar los balances cuando apenas sabía nadar. A él debo que este libro salga a la luz. En mí no hay más mérito, sí hay alguno, que haber leído mucho y haber tomado muchas notas, teniendo a veces que pedir que me hicieran traducciones de lenguas que no domino. Él me inspiró cuanto podáis encontrar de visto y de vivido. De sus diarios, memorias, crónicas y artículos, publicados en revistas nacionales y extranjeras, no he vacilado en sacar párrafos, que sin reparo he copiado al pie de la letra. Y, sobre todo, a sus consejos y a sus, para mí, sabias enseñanzas se debe el que no haya tenido que disertar sobre materias propias de un crítico naval. A mi padre, que en el siglo pasado, a bordo del "Ulloa", recorrió los mares en que se desarrolla este intento de biografía, y a mis hermanos, que en el que vivimos, a bordo del "Juan Sebastián Elcano" los surcaron, he dedicado mi libro. Juan Ignacio Núñez Iglesias "París" |